martes, 23 de junio de 2009

Slumdog millonaire.

El fin de semana pasado vi Slumdog Millonaire. Al sentarme frente al televisor pensé, fruto de las críticas y los comentarios de medio mundo, tener una idea de lo que me esperaba. Sin embargo, les confieso, que desde el comienzo mi sensibilidad comenzó a vibrar y de inmediato me fui contagiando con todo aquello. El drama de los hermanos Malik por la descontrolada Bombay no es más que la reproducción de tan sólo un caso de tantos millones que tristemente pululan por las calles de toda la India, les doy la libertad de que cada uno lo extrapole a la ciudad donde vive. No obstante en medio de la peor de las miserias, el ser humano también se da la oportunidad de tener las mismas hambres de quienes tienen el privilegio de gozar de una vida de mayores comodidades. Por eso, qué importa ser un inmundo paria o el más aventajado de los chatrias, si nadie nos quita la esperanza de luchar por nuestros sueños, comer, aprender, sonreír, amar, o quién sabe, llegar a ser el más desclasado de los millonarios.