El pasado mes de julio tuve el privilegio de asistir a la puesta en circulación del primer libro de cuentos del escritor Josecarlos Nazario. Ese mismo joven que desde hace años nos regalaba todos los viernes artículos en cuyas líneas levantó siempre la bandera de un nuevo concepto de ciudadanía. Con Carnecruda, título de la obra, Nazario sale al ruedo de la opinión pública para ser objeto de todas las críticas posibles. A través de nueve cuentos de una prosa pulcra, Nazario nos muestra el camino hacia donde debe encaminarse la literatura dominicana de esta generación. Engloba en su contexto algunos temas tradicionales, otros tabúes, utilizando un lenguaje llano con la frescura de la dialéctica que caracteriza al dominicano. El autor se separa del uso excesivo del floreteo producto de la adjetivación a la que mucho se recurre pero que a veces sin darnos cuenta lo contamina todo. Desde principio a fin nos retrata a través de sus historias la realidad que afrontamos en nuestro diario vivir, esa misma que nos empeñamos en ignorar a pico de romo o cerveza, para luego darnos cuenta que no hay para la gasolina, porque los precios los indexaron y que la carne que tenemos que comer, cuando aparece con qué comprarla, es cruda.
lunes, 9 de agosto de 2010
jueves, 5 de agosto de 2010
El Vendedor de Medias.
Tre pare de media pol die peso. Al escuchar la voz de ese vendedor en plena avenida Corrientes a la altura del barrio porteño de Once de inmediato el instinto me alertó, ése es de allá. Y sí, un muchacho de diecinueve años que según me contó había llegado hace cuatro meses a buscarse la vida en la Argentina. El tiempo no dio para más charla, él estaba trabajando. Sin embargo, pensé en todo lo que pudo haber dejado: la madre, quien sabe si una noviecita, los muchachos del barrio. Pero seguro, lo que dejó además, fue un país, que desde hace tiempo nos avisa que se está cayendo a pedazos.
Desde la caída de la tiranía a los dominicanos nos ha costado asimilar que vivimos en democracia. En aquel entonces fueron muchos quienes tuvieron que huir para salvar sus vidas a consecuencia de sus pensamientos o acciones. Hoy, a pesar de que todo aquello es historia son más los dominicanos que se van como aquel vendedor de medias con la esperanza rota a intentar enmendarla a cualquier lugar del planeta.
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