viernes, 18 de junio de 2010

José Saramago

He tomado la costumbre en este espacio de entregarles unas cuantas líneas panegíricas a personas especiales que de algún modo han marcado mi vida. En esta ocasión lleno de tristeza le escribo a mi querido don José a quien descubrí gracias a mi viejo, que un día hace muchos años me prestó El Evangelio Según Jesucristo. Desde esa ocasión su prosa cargada de densidad me transportó a los lugares más profundos de mi sesera, a través de ella y sus interrogantes profanas, les confieso, me han ido ensañando la conjugación y ejecución de un verbo que poco a poco va perdiendo valor en estos tiempos, pensar.
Portugués de pura cepa, supo siempre transmitirnos por diferentes medios el derecho del ser humano a reivindicar las necesidades esenciales de la existencia, esas, que se orientan más en dirección hacia aspectos tan elementales como trabajar, comer, amar, luchar y menos hacia otras que hemos asumido como prioridades del diario vivir como aparentar, engañar, presumir o simplemente poseer.
Tuve la dicha de conocerle personalmente cuando visitó el país promocionando La Caverna. En la conferencia que dio, pude descubrir que el personaje era tal cual se expresaba en toda su obra, una especie de abuelo que regala sus experiencias a quienes comenzamos a andar, advirtiéndonos eso sí, que el mundo, como está no se debe aguantar más, porque nos estamos devorando unos con otros con total y tranquila normalidad.
El legado más grade que me deja, no es sólo su obra, premiada hasta lo magnífico, sino el haberme ensañado con su vida de comunista, ateo, beligerante e insurgente intelectual que el pluralismo es la base de una convivencia social posible.
La nostalgia se me desborda con los recuerdos de tantas noches leyendo sus libros, su blog, hablándole a todo el mundo de su última novela, escribiendo o esforzándome por aprender a pensar. La muerte duele, no sé si al muerto, pero mucho al vivo. Buen viaje don José.

miércoles, 2 de junio de 2010

Brutalidad

El pasado lunes fuimos testigos nuevamente de otro lamentable episodio llevado a cabo por Israel. Otra tragedia más a la que mal acostumbrado nos tiene y que tanta sangre le ha costado a la humanidad. Esta vez la Armada de los hijos preferidos de Yahveh asaltó en aguas internacionales un buque de bandera turca que portaba ayuda humanitaria destinada a mitigar la desgracia que viven los guetos palestinos de Gaza y Cisjordania.
El suceso produjo la muerte de al menos una decena de activistas que formaban parte de la tripulación del navío, casi todos ciudadanos turcos. Estuve leyendo por otro lado que a bordo se encontraban tres cooperantes españoles quienes afortunadamente, aunque heridos, sobrevivieron la masacre. Cabe recordar que al igual que Israel, Turquía es aliado de los Estados Unidos en oriente próximo y esta salvajada pone en riesgo las relaciones geopolíticas de la región y sin duda amenaza la paz del mundo.
Actuar de semejante forma no solamente es atentatorio a todos los principios que rigen el derecho internacional sino que constituye como lo afirma el premier turco Recep Tayyip Erdogan un inhumano terrorismo de Estado.
¿Qué excusas presentarán dar esta vez las autoridades hebreas? Porque como se sabe, no se trataba de un asalto marítimo del Gobierno de Hamás ni de la temida Hezbolá. Mientras eso ocurre, al menos seiscientos activistas que ocupaban el barco serán encarcelados, otros cincuenta han sido repatriados y cuarenta y seís se encuentran hospitalizados. Como si la memoria de Auschwitz-Birkenau se haya esfumado junto con las cenizas de los millones de calcinados en aquellos hornos.
Los organismos internacionales se encuentran reunidos de emergencia para buscar una solución inmediata a la crisis, esa frase no es mía, es un cliché que se repite y se repite en las redacciones de todo el mundo y que se detiene ahí, porque al fin y al cabo Israel es intocable, la protege el gran Poder de Dios.
Cada año se celebran en las más prestigiosas universidades competencias de derecho internacional que sirven de entrenamiento para los futuros juristas y políticos del mundo. Espero que en un futuro no muy lejano esas competencias rindan sus verdaderos frutos y la experiencia vivida no sea para seguir repitiendo discursos poliglotas carentes de soluciones palpables.