jueves, 17 de diciembre de 2009

Fernando Arredondo Blandino

Don Fernando Arredondo es el padre de mis amigos Pupan y Din. Al principio de los noventa lo veía cuando iba junto a otros padres a vernos jugar al fútbol. Desde aquel entonces me dio esa impresión que transmiten los seres humanos de bajo perfil. Con el tiempo mi amistad con sus hijos fue creciendo y a través de ellos pude conocer al gran hombre que despedimos ayer entre motores y montones de recuerdos.

Al entrar en la edad en la que comenzamos a valorar las verdaderas cosas que tienen sentido en esta vida, Don Fernando se comenzó a erguir como todo un ejemplo a seguir, sin darse cuenta, me enseñó cómo se materializa el sagrado mandamiento de honrar a la madre, cómo olvidar esos escritos preciosos que publicaba en honor a doña Atala. Esa y muchas otras cosas más que parecerían fundamentales, pero estando el mundo como está, escasos son quienes pasan a mejor estancia con los deberes bien hechos y dejando un legado tan valioso.


Que no sepa tu derecha lo que hizo tu izquierda, ayudar al necesitado, honestidad, carácter, trabajo, humildad. Ese es su gran legado el cual debemos admirar, hacerlo nuestro para que no se pierda y pase de generación en generación.

Fue siempre un héroe silente, de aquellos que necesita en abundancia la República Dominicana, por eso tanta gente lo quiso, por eso muchas más jamás lo vamos a olvidar.