viernes, 28 de agosto de 2009

Segunda lectura.

Lectura de la carta del apóstol mengano a los dominicanos. En aquel tiempo dijo fulano, hagamos una constitución, adecuada a los nuevos tiempos, pluralista y con el espíritu progresista característico de las sociedades que apuestan al modernismo como alternativa de desarrollo. Aprovechemos la oportunidad para dejar sentada las bases sobre las cuales nuestra descendencia, venida desde lugares celestiales, erguirá la República Dominicana que tanto anhelamos.

Al neoevangelista se le olvida que no somos tan modernos como pensábamos a pesar de que habemus metrum, elevadus, tunelus, cyber estadum. Lo moderno en Quisqueya es sinónimo de sinvergüenza, de mal educado, de freco, de buen atrevido. En fin, son ese grupo de ciudadanos a quienes por pensar o decir tal o cual cosa o vivir de tal o cual manera hay que darles una buena pela.

Quienes tienen derecho a dictar los nuevos designios de nuestra maltramada patria, y no Mirabal para no faltarle el repesto, son la gente bien, que van a la iglesia, que no llegan a la casa después de la hora de Almeyda, los heterosexuales, quienes en su vida le han puesto la boca a un cigarrillo y ni hablar de un porrito, los hombres y las mujeres de familia, que no tienen queridas ni queridos, ni hijos por doquier.

La segunda lectura ya comienza y los analfabetos morales estarán más desamparados que nunca pues no tendrán otra alternativa que sufrir un proceso de conversión divina a las ideologías de este evangelio del tercer milenio versión no precisamente Nazaret de aquellos días, sino más bien

Santo Domingo principio de los años cincuenta.
Qué Dios nuestro Señor y su amado hijo Jesucristo, salvador y redentor de la humanidad nos agarre confesados.

lunes, 10 de agosto de 2009

Daniella Damaris

Quiero compartir con ustedes las emociones que me produjeron tenerla en mis brazos, quedarme embobado contemplando su hermosa inocencia, la sutileza de su picardía, toda la energía que irradia ese ser tan pequeñito con el simple hecho de existir. Daniella Damaris es el deseo consumado de papá, mamá, de abuelos, en fin, de todos. Como si desde el momento de su concepción supiera el fin que Dios le iba otorgar en esta vida, rebozarnos de una invasión de cosquillas internas que revolucionan los espacios más inalcanzables de nuestra sensibilidad. Poco más de media hora me bastaron para caer rendido a sus pies y morderla, apretarla, sentir que es real, transmitirle lo feliz que me hace pensar el sólo hecho de saber que es mi sobrina, mi familia, parte de mí, espero que lo haya recibido. Y mientras sigo disfrutando con el corazón hinchado de una princesa encantadora que desborda los límites que existen en el universo de lo sublime

miércoles, 5 de agosto de 2009

De disidencias y bravuconerías.

Qué más da, qué más da, aquí o allá, qué más da, qué más da, vagabundear...

Ayer escuchaba por un programa de radio a una de las figuras más emblemáticas de la disidencia reformista hablar de la resurrección del partido de cara a las presidenciales de 2012. Dentro de sus argumentos afirmaba el distinguido galeno que la disidencia y la bravuconería no tendrán cabida en el nuevo reformismo, en el cual se pretenden reinsertar los ideales demócrata cristianos sobre los que se encarama el gallo colorao. Esta retórica llena de contradicciones, imaginación y creatividad me llevaron a hacerme un sinnúmero de interrogantes a las que ninguna, dentro del marco de una sana razonabilidad, le he encontrado la respuesta. No obstante, creo identificar el núcleo detonante del problema.

Sin intentar descubrir la fórmula del agua tibia, me pregunto, ¿Por qué hoy, cinco años después de la fuga de dirigentes más grande que sufrió el partido quienes apuestan por reestructuración reaccionan a la disidencia cuando fueron ellos los primeros en implementarla?; ¿Acaso en algún momento de la vida del PRSC se pusieron en práctica los ideales que hoy se pretenden reinsertar?; ¿Por qué en aquel momento no se pusieron los pantalones y asumieron la actitud que hoy pretenden asumir?

Distinguidos ex compatriotas, la historia nos ha demostrado que esos ideales antes de ponerse en práctica se mandaron al carajo acompañados de aquel pedazo de papel. Lamento decirles que ninguno de ustedes tiene la calidad moral para hablarnos de cambios, cuando son el más vívido ejemplo del descredito social que hoy caracteriza al militante reformista, conservador a ultranza, oportunista, clientelista, pero sobre todas las cosas con una sed de poder que avasalla cualquier convicción, culpable de la muerte y desaparición del partido y corresponsable junto al desacertado oficialismo del resquebrajamiento de la República Dominicana.