Entraba enero con todos los
bombos presagiando los cánticos por la llegada del sobrino, fue un
acontecimiento que nos llenó de todo lo que hasta ese momento nos podía faltar,
no defraudó, porque con sus encantos nos reboza de alegría, de repente la vida
se volvió fiesta. Fue otro año más donde
reconfirmé el amor que le tengo a esa vocación que es tratar de enseñar, escenario que me ha permitido desarrollar mi paciencia,
pero sobre todo esa sensibilidad que sólo se consigue haciendo el esfuerzo de
colocarse en el lugar del otro, los estudiantes son la mejor escuela. Conocí a Greicy, me volví a enamorar, sentí
de nuevo ese placer de ser amado y aceptado a pesar de todo. El año iba dando
para todo, deje de ser empleado de otro
para convertirme en empleado de mi mismo,
y así, con más osadía que valentía comencé a materializar un sueño que el tiempo se
encargará de juzgar más adelante. Viajé, viajé mucho, regresé de nuevo al sur, un periplo que le puse el nombre de Gira Me
Verás Volver, todo un mes y medio entre aviones, barcos, guaguas, pero sobre
todo mucho fútbol, me vi más de 10 partidos, el más importante de todos, ese
Peñarol-Vélez en el histórico Estadio Centenario, esa noche mágica del otoño
uruguayo donde todo Montevideo se vistió de oro y negro; no exagero si les digo
que ahí paradito en la Amsterdam, junto a los hermanos Cubiella presencié el
ambiente más impresionante que jamás viví en un estadio. En Brasil me reencontré con grandes amigos y
familia, conocí a la tía Keta, caminé por las arenas de Ipanema y saludé al redentor. A Buenos
Aires la hice más mía, si por mi fuera
regresaría todos los días. A mediados de
año se me adelantó la crisis de los treinta, episodio que me sirvió para darme
cuenta que estamos vivos. Con Lued inicié sin pensarlo el entrenamiento de ser
papá y en un abrir y cerrar de ojos no era más una práctica, sino el mismísimo
partido, pero jugado en cancha visitante, donde durante los noventa minutos la
gente no te para de putear. Se terminaba
todo y en una de esas estaba en una cabina de radio delante de un micrófono
haciendo una de las cosas que más me gusta, hablar de fútbol, a Jorge Allen le
agradezco la oportunidad. En fin, aquí me encuentro a poco más de veinticuatro
horas para recibir un 2012 que quién sabe qué traerá, donde espero que sigamos creciendo en esas
cosas que tanto nos hacen falta y que la salud y el trabajo no se olviden de
ustedes.
viernes, 30 de diciembre de 2011
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