Llegué a Buenos Aires el lunes a la noche. No hice bajar del avión y ya estaba sentado en una parrilla en Tucumán y Rodríguez Peña. El martes al mediodía me esperaba una cita, lugar, Cementerio de La Chacarita y la tumba de María Elena Walsh. En el panteón de la SADAIC, siglas que enmarcan la Sociedad Argentina de Autores y Compositores, se encuentran depositados los restos de una mujer que marcó la infancia de muchos niños hispanoparlantes, entre los cuales me incluyo. ¿Qué niño no sólo argentino, sino latinoamericano no entonó La Pájara Pinta? Y ni hablar de sus cuentos El Reino del Revés; la Reina Batata; ¿Manuelita Dónde vas? Nunca es tarde para expresar agradecimientos, de vivos y en la fama todo el mundo te busca, quiere estar cerca; mueres, te sepultan y como no quede el recuerdo permaneces siempre en el mismo lugar a merced de la intemperie y un tiempo que ya no avanza más. Cerré los ojos, le agradecí por todo lo que nos dio, por todo lo que nos dejó. Le prometí eso sí que mis hijos cantarán sus canciones, que por las noche les leeré sus cuentos, que sus infancias estarán pintadas de sus inmortales colores.
viernes, 22 de abril de 2011
Trópico y Sur
Este es el Caribe. Justo a dos cuadras de su orilla norte vine al mundo. Luego, más adelante. de las ventanas del colegio donde estudié mis ojos lo vieron tantas veces. Ahora se los muestro justo desde aquí arriba, imponente y encantador. Porque el forma parte de nuestras vidas, mar de sueños, con personalidad propia, que pone a bailar a nuestra América con ese ritmo que suena y suena desde Santa Marta hasta Mayaguez. En las maletas de este viaje me llevo todo, el sancocho, la ropa vieja, las habichuelas guisadas, la arepa guajira y el mangú. Me dirijo al sur, del cual también formo parte, pero antes me espera la Ciudad de Panamá y una pequeña escala en aquel itsmo del maestro Rubén Blades y de mis entrañables Saskia y Carlos Arrúe; y, un aeropuerto, donde se intersectan todos los acentos del castellano. Tocumen, aeropuerto cuya ampliación y remodelación fue concebida de la genialidad de un dominicano, el arquitecto José Mella Febles; qué orgullo. Y pensar que todavía hay quienes no apuestan ni un cuatro a nuestra educación. Los dejo por un instante, la mañana está radiante y nuestro amado Caribe demanda mi atención.
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