No sólo es el nombre del hijo asesino de la pareja más famosa de la humanidad después de Sobeida y Agosto, Adan y Eva, también es el título de la más reciente novela de Saramago. En esta ocasión don José nos invita a sentarnos delante del escenario para que contemplemos de una manera diferente las historias más famosas acontecidas en aquella época que el cristianismo conoce como “Viejo Pacto”. Utilizando a Caín como protagonista, el autor tiene la osadía, tal como hizo en “El Evangelio Según Jesucristo”, de desafiar los guiones contados por los elegidos del Señor a través de la inspiración divina y a su vez recontra difundidos por las miles de denominaciones que congregan a los salvados por la sangre del último cordero inmolado. Con una prosa revestida de sarcasmo y jocosidad el autor resucita las interrogantes de mayor relevancia del libro sagrado, que por una razón o por otra no tienen respuesta o más bien desde siempre nos han enseñado sencillamente a incorporar a nuestro credo por gracia y por fe. La mayoría de los habitantes del mundo occidental seguro que no tardarían ni un sólo instante en catalogar este libro como una blasfemia contemporánea, incluso hasta me imagino los gritos de la grey reclamando ante el alto clero la cabeza del nobel portugués, ¨que lo crucifiquen que lo crucifiquen¨. Sin embargo gracias a Dios Todopoderoso y Eterno vivimos en un mundo cada vez más plural, donde el libre albedrío se ejerce sin temor a latigazos ni coronas de espinas, lo que nos permite entonces disfrutar tranquilamente de la riqueza intelectual de artistas de la talla del creador de este nuevo Caín.
miércoles, 24 de marzo de 2010
martes, 16 de marzo de 2010
Distancia
Qué difícil es luchar para vencerte
El cansancio me tumbó no lo sabía
Y en el suelo me mataste por la espalda
Desangrado me dejaste aquellos días
La ilusión de que el tiempo va pasando
De que al fin todo esto se termina
Se convierten en un cáncer inminente
Que a su paso ve acabando con la vida
Das ventaja con las oportunidades
Que alimentan corazones y proyectos
Pero tú silenciosa las destruyes
Para luego celebrar sin miramientos
Distancia una vez pude contigo
O más bien me creí que lo había hecho
Pero inmensa y poderosa me enseñaste
Que eres tú la quién manda en este juego.
El cansancio me tumbó no lo sabía
Y en el suelo me mataste por la espalda
Desangrado me dejaste aquellos días
La ilusión de que el tiempo va pasando
De que al fin todo esto se termina
Se convierten en un cáncer inminente
Que a su paso ve acabando con la vida
Das ventaja con las oportunidades
Que alimentan corazones y proyectos
Pero tú silenciosa las destruyes
Para luego celebrar sin miramientos
Distancia una vez pude contigo
O más bien me creí que lo había hecho
Pero inmensa y poderosa me enseñaste
Que eres tú la quién manda en este juego.
miércoles, 10 de marzo de 2010
El Síndrome de Ulises.
Escuché hablar de Santiago Gamboa hace cinco años en Paris. Los hermanos colombianos que tuve la dicha de conocer allá, aquel inicio de invierno de 2005 no hacían otra cosa que hablar de la nueva novela de su compatriota escritor. No les niego que en su momento tuve la tentación de leerla, sin embargo preferí escoger otra ocasión para hacerlo, sobre todo cuando hubiese terminado aquel periplo que marcó mi vida para siempre.
Hoy, a casi tres años de mi regreso, un artículo publicado por el escritor en la versión digital del diario español El País titulado “Libros que no acabé de leer” fue el revulsivo que me despertó la motivación para decidir comenzarlo. Pasada la medianoche lo terminé, no sé, pero existe un clímax especial cuando terminamos de leer un libro en las horas de la madrugada, el universo se reduce a un mundo donde sólo habitan al silencio de la noche, la luz de la lámpara, el libro y la más entera versión de uno mismo.
El Síndrome de Ulises convulsionó los índices de melancolía, añoranza y nostalgia que habitan en mi sensibilidad, ese conjunto de sentimientos que la lengua portuguesa resume en una sola palabra, saudade. En sus páginas Gamboa recrea en torno a la tenacidad del estudiante extranjero las diferentes facetas del inmigrante que decide enfrentarse a las peripecias de una de las ciudades más cosmopolitas del mundo.
París en su versión más oscura, lejos de las pasarelas, los relojes y los caros perfumes que nos vende la globalización actual. Donde el frio te pega, la lluvia te hace caer, donde la condición de inmigrante se paga con esfuerzo y mucho sacrificio, únicos componentes capaces de convertir esa experiencia en un recuerdo agradable a la memoria.
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