Tre pare de media pol die peso. Al escuchar la voz de ese vendedor en plena avenida Corrientes a la altura del barrio porteño de Once de inmediato el instinto me alertó, ése es de allá. Y sí, un muchacho de diecinueve años que según me contó había llegado hace cuatro meses a buscarse la vida en la Argentina. El tiempo no dio para más charla, él estaba trabajando. Sin embargo, pensé en todo lo que pudo haber dejado: la madre, quien sabe si una noviecita, los muchachos del barrio. Pero seguro, lo que dejó además, fue un país, que desde hace tiempo nos avisa que se está cayendo a pedazos.
Desde la caída de la tiranía a los dominicanos nos ha costado asimilar que vivimos en democracia. En aquel entonces fueron muchos quienes tuvieron que huir para salvar sus vidas a consecuencia de sus pensamientos o acciones. Hoy, a pesar de que todo aquello es historia son más los dominicanos que se van como aquel vendedor de medias con la esperanza rota a intentar enmendarla a cualquier lugar del planeta.
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