El discurso del pasado domingo a la mañana me dio motivos para escribir, pero para no ser reiterativo me abstuve. Sin embargo ahora lo haré para referirme a otro presidente, a otro gobierno y a otro país. Hace un tiempo expresé por este mismo medio la alegría que me producía ver a los uruguayos celebrando en La Rambla de Montevideo la victoria del Frente Amplio y de su candidato José “Pepe” Mujica, quien hoy precisamente celebra un año como primer mandatario de la República Oriental del Uruguay. Durante este período tuve la oportunidad de viajar a este país descrito en las canciones de Drexler, en la obra de Benedetti y Onetti y que hoy Diego Forlán en una publicidad televisiva nos invita a conocer. Pero bueno, El Pepe es un personaje singular, un luchador que ha sabido lidiar con esos obstáculos que se anteponen a los hombres que viven anhelando una nación posible. En una etapa sufrió persecución, encarcelamiento, tortura, pero siguió de frente porque la causa era justa y en algún momento la creía realizable. Ese momento ya llegó, porque el Uruguay vive hoy día el bienestar más vertical de su historia, con una tasa de desempleo que apenas alcanza el cinco por ciento, con un sistema sanitario accesible a todos, donde se invierte mucho más que el cuatro por ciento en educación, donde las exportaciones de su industria nacional van a la vanguardia entre los países de la región. Lo paradójico es que El Pepe no habla inglés ni francés, mucho menos tiene ese don de oratoria para marear a un pueblo por más de dos horas de alocución. El Pepe es llano, frontal, pero lo más importante, lleno de esa creatividad que debe tener todo político, no para utilizarla en beneficio personal, sino para servir tanto a quienes lo votaron como a quienes no lo hicieron. El Pepe, como dicen, es El Pepe.
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