No tengo el gusto de conocer personalmente a Miguel Ceara Hatton. Pero sí que he leído sus trabajos, cuyos análisis y resultados engalanan con brillantez los foros de opinión de República Dominicana. Tal vez eso me otorgue algo de soga para poder expresar mi parecer acerca de su salida del PNUD. ¿Y qué les digo? Tanto aquí como allá el trabajo independiente, objetivo y tesonero causa crispación, sobre todo cuando los objetivos alcanzados no van en dirección de lo que realmente se pretende, o en este caso, de lo que no se pretende. Eso al parecer fue lo que puso de vueltas y media a la señora Julliand, quien no entendía como este dominicano podía escaparse del control de su poder. Los informes de desarrollo humano han sido durante toda esta década el termómetro que nos ha indicado qué tan alta se encuentra nuestra temperatura y cuáles son nuestras fiebres. Sin limitarse al solo diagnóstico, una, dos, tres y no se cuantas veces nos han detallado, propuesto y exigido la implementación de políticas públicas para cambiar el mal rumbo que vamos trazando, siempre con una independencia y un rigor intelectual dignos de admiración. Las Naciones Unidas a esta altura del partido nos viene demostrando que lejos de ser un organismo de derecho llamado a velar por el bienestar y el desarrollo de la comunidad internacional, no es más que una entelequia capaz de taparse los ojos ante las grandes injusticias y el abuso de poder que día a día se cometen en el mundo, la salida de Ceara Hatton es un caso más.
miércoles, 22 de junio de 2011
Cuestión de poder no de derecho
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