viernes, 30 de diciembre de 2011

Para no olvidarme


Entraba enero con todos los bombos presagiando los cánticos por la llegada del sobrino, fue un acontecimiento que nos llenó de todo lo que hasta ese momento nos podía faltar, no defraudó, porque con sus encantos nos reboza de alegría, de repente la vida se volvió fiesta.  Fue otro año más donde reconfirmé el amor que le tengo a esa vocación que es tratar de enseñar,  escenario que me ha permitido desarrollar mi paciencia, pero sobre todo esa sensibilidad que sólo se consigue haciendo el esfuerzo de colocarse en el lugar del otro, los estudiantes son la mejor escuela.  Conocí a Greicy, me volví a enamorar, sentí de nuevo ese placer de ser amado y aceptado a pesar de todo. El año iba dando para todo,  deje de ser empleado de otro para convertirme en empleado de mi mismo,  y así, con más osadía que valentía comencé a  materializar un sueño que el tiempo se encargará de juzgar más adelante. Viajé, viajé mucho,  regresé de nuevo al sur,  un periplo que le puse el nombre de Gira Me Verás Volver, todo un mes y medio entre aviones, barcos, guaguas, pero sobre todo mucho fútbol, me vi más de 10 partidos, el más importante de todos, ese Peñarol-Vélez en el histórico Estadio Centenario, esa noche mágica del otoño uruguayo donde todo Montevideo se vistió de oro y negro; no exagero si les digo que ahí paradito en la Amsterdam, junto a los hermanos Cubiella presencié el ambiente más impresionante que jamás viví en un estadio.  En Brasil me reencontré con grandes amigos y familia, conocí a la tía Keta, caminé por las arenas de Ipanema y saludé al redentor.  A Buenos Aires la hice más mía, si por mi fuera regresaría todos los días.  A mediados de año se me adelantó la crisis de los treinta, episodio que me sirvió para darme cuenta que estamos vivos. Con Lued inicié sin pensarlo el entrenamiento de ser papá y en un abrir y cerrar de ojos no era más una práctica, sino el mismísimo partido, pero jugado en cancha visitante, donde durante los noventa minutos la gente no te para de putear.  Se terminaba todo y en una de esas estaba en una cabina de radio delante de un micrófono haciendo una de las cosas que más me gusta, hablar de fútbol, a Jorge Allen le agradezco la oportunidad.  En fin,  aquí me encuentro a poco más de veinticuatro horas para recibir un 2012 que quién sabe qué traerá,  donde espero que sigamos creciendo en esas cosas que tanto nos hacen falta y que la salud y el trabajo no se olviden de ustedes. 

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