viernes, 13 de enero de 2012

Una a ver si da


Aquel 12 de enero de 2010 nadie lo olvidará, La Española tembló, todos lo sentimos, Haití lloró. La línea fronteriza que políticamente nos separa se hizo trizas. Nuestros hermanos occidentales que apenas tenían, se quedaron sin nada. Dos años después inauguran una universidad, financiada completamente por República Dominicana. Y como siempre, de este lado, todo lo que tiene que ver con el pueblo haitiano  es  llevado al debate. Loores y vilipendios se han escuchado estos días para los administradores de nuestra cosa pública,  de ahí, donde salieron los treinta millones de dólares que supuestamente costó la obra.  La donación bien hubiese podido ser a Suiza, nuestros gobernantes siempre nos sorprenden, pero todo ese dinero puesto en una sola obra de infraestructura me parece más que una ayuda, un gesto de egoísmo. Un recinto educativo de tales magnitudes no es prioridad para Haití, cuando todavía medio millón de ciudadanos malvive en carpas improvisadas despojados de toda dignidad. De este lado, ese dinero, que no nos sobra, aunque somos solidarios, es el mismo que se nos ha negado para comenzar a desarrollar nuestra educación. Seguimos reprobando en la asignatura de priorizar, usufructuando los bienes del estado sólo en ejecución de aquellas obras que aguantan la placa del gobierno que las hizo.  Y después de todo, una, a ver si da, ni aquí, ni allá será suficiente. 

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