La semana pasada estuve en Moca,
me fui a trabajar con la gente de la radio y desde allí transmitimos todos los
programas. Hacía ya casi un par de años que no iba a esa ciudad particular, de
gente especial que no deja de encantarme y sorprenderme. Me tocó quedarme en un
hotel incrustado en la misma falda sur de la Cordillera Septentrional, donde
por las mañanas la neblina se te pega a la cara, la temperatura, benévola, te acaricia todo el
cuerpo y el aire te limpia los lugares más recónditos de cada pulmón. Desde
esos balcones la vista logra alcanzar a Moca, al mirarla recordé momentos
sublimes y personas fuera de serie con quienes he tenido la suerte de cruzarme
en esta vida; todas nacidas sobre el limo de esa tierra grande y fértil. De los mocanos admiro su trabajo y el gran
nivel intelectual que tienen, son personas sin ningún tipo de complejos, con
ambición y una valentía capaz de alcanzar el infinito. A cualquier lugar que
van, llevan un pedazo de esa ciudad situada entre llanura y montaña para
destacarse y vencer, no conozco todavía un mocano que no sea un ganador. Los recordé a todos, sin excepción y a todos
les agradezco el ejemplo que siempre le han dado al resto de dominicanos.
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