Quiero compartir con ustedes las emociones que me produjeron tenerla en mis brazos, quedarme embobado contemplando su hermosa inocencia, la sutileza de su picardía, toda la energía que irradia ese ser tan pequeñito con el simple hecho de existir. Daniella Damaris es el deseo consumado de papá, mamá, de abuelos, en fin, de todos. Como si desde el momento de su concepción supiera el fin que Dios le iba otorgar en esta vida, rebozarnos de una invasión de cosquillas internas que revolucionan los espacios más inalcanzables de nuestra sensibilidad. Poco más de media hora me bastaron para caer rendido a sus pies y morderla, apretarla, sentir que es real, transmitirle lo feliz que me hace pensar el sólo hecho de saber que es mi sobrina, mi familia, parte de mí, espero que lo haya recibido. Y mientras sigo disfrutando con el corazón hinchado de una princesa encantadora que desborda los límites que existen en el universo de lo sublime
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