miércoles, 5 de agosto de 2009

De disidencias y bravuconerías.

Qué más da, qué más da, aquí o allá, qué más da, qué más da, vagabundear...

Ayer escuchaba por un programa de radio a una de las figuras más emblemáticas de la disidencia reformista hablar de la resurrección del partido de cara a las presidenciales de 2012. Dentro de sus argumentos afirmaba el distinguido galeno que la disidencia y la bravuconería no tendrán cabida en el nuevo reformismo, en el cual se pretenden reinsertar los ideales demócrata cristianos sobre los que se encarama el gallo colorao. Esta retórica llena de contradicciones, imaginación y creatividad me llevaron a hacerme un sinnúmero de interrogantes a las que ninguna, dentro del marco de una sana razonabilidad, le he encontrado la respuesta. No obstante, creo identificar el núcleo detonante del problema.

Sin intentar descubrir la fórmula del agua tibia, me pregunto, ¿Por qué hoy, cinco años después de la fuga de dirigentes más grande que sufrió el partido quienes apuestan por reestructuración reaccionan a la disidencia cuando fueron ellos los primeros en implementarla?; ¿Acaso en algún momento de la vida del PRSC se pusieron en práctica los ideales que hoy se pretenden reinsertar?; ¿Por qué en aquel momento no se pusieron los pantalones y asumieron la actitud que hoy pretenden asumir?

Distinguidos ex compatriotas, la historia nos ha demostrado que esos ideales antes de ponerse en práctica se mandaron al carajo acompañados de aquel pedazo de papel. Lamento decirles que ninguno de ustedes tiene la calidad moral para hablarnos de cambios, cuando son el más vívido ejemplo del descredito social que hoy caracteriza al militante reformista, conservador a ultranza, oportunista, clientelista, pero sobre todas las cosas con una sed de poder que avasalla cualquier convicción, culpable de la muerte y desaparición del partido y corresponsable junto al desacertado oficialismo del resquebrajamiento de la República Dominicana.

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