viernes, 22 de abril de 2011

María Elena Walsh

Llegué a Buenos Aires el lunes a la noche. No hice bajar del avión y ya estaba sentado en una parrilla en Tucumán y Rodríguez Peña. El martes al mediodía me esperaba una cita, lugar, Cementerio de La Chacarita y la tumba de María Elena Walsh. En el panteón de la SADAIC, siglas que enmarcan la Sociedad Argentina de Autores y Compositores, se encuentran depositados los restos de una mujer que marcó la infancia de muchos niños hispanoparlantes, entre los cuales me incluyo. ¿Qué niño no sólo argentino, sino latinoamericano no entonó La Pájara Pinta? Y ni hablar de sus cuentos El Reino del Revés; la Reina Batata; ¿Manuelita Dónde vas? Nunca es tarde para expresar agradecimientos, de vivos y en la fama todo el mundo te busca, quiere estar cerca; mueres, te sepultan y como no quede el recuerdo permaneces siempre en el mismo lugar a merced de la intemperie y un tiempo que ya no avanza más. Cerré los ojos, le agradecí por todo lo que nos dio, por todo lo que nos dejó. Le prometí eso sí que mis hijos cantarán sus canciones, que por las noche les leeré sus cuentos, que sus infancias estarán pintadas de sus inmortales colores.

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