Este es el Caribe. Justo a dos cuadras de su orilla norte vine al mundo. Luego, más adelante. de las ventanas del colegio donde estudié mis ojos lo vieron tantas veces. Ahora se los muestro justo desde aquí arriba, imponente y encantador. Porque el forma parte de nuestras vidas, mar de sueños, con personalidad propia, que pone a bailar a nuestra América con ese ritmo que suena y suena desde Santa Marta hasta Mayaguez. En las maletas de este viaje me llevo todo, el sancocho, la ropa vieja, las habichuelas guisadas, la arepa guajira y el mangú. Me dirijo al sur, del cual también formo parte, pero antes me espera la Ciudad de Panamá y una pequeña escala en aquel itsmo del maestro Rubén Blades y de mis entrañables Saskia y Carlos Arrúe; y, un aeropuerto, donde se intersectan todos los acentos del castellano. Tocumen, aeropuerto cuya ampliación y remodelación fue concebida de la genialidad de un dominicano, el arquitecto José Mella Febles; qué orgullo. Y pensar que todavía hay quienes no apuestan ni un cuatro a nuestra educación. Los dejo por un instante, la mañana está radiante y nuestro amado Caribe demanda mi atención.
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