Colombia, siempre lo he dicho, es un país con
el que, a pesar de nunca haber ido, me unen unos vínculos entrañables. La
historia que cuenta Juan Gabriel Vásquez a través de esta novela, me acerca más
a este país, tan estigmatizado como encantador. El libro, que mereció el año pasado
el Premio Alfaguara, nos lleva a esa Colombia de la década de los setenta,
donde comienza el auge del narcotráfico como negocio y al mismo tiempo esa
lucha contra las drogas, desde entonces mal enfocada y que le ha costado la
vida a miles de colombianos. El autor, a través de una prosa impecable, llena
de ritmo y fluidez nos presenta a Bogotá en todo su esplendor, lo que me hizo
recordar a grandes amigos y a mi viejo, personas quienes no importa donde
vayan, la llevan marcada en la piel. Me fascinó la forma con la que describe el
valle del Río Magdalena, con esa precisión que parece como si nuestros ojos estuvieran
allí viendo lo mismo. Además seduce al lector para llevarlo a un paseo por la
historia contemporánea, la cual decora con un matiz totalmente diferente al que
desde siempre se nos ha tratado de imponer desde el norte. En fin, dos
historias de colombianos que se entrelazan en la obra, ambos víctimas de una
realidad que no es la de Colombia, o por lo menos no surge por ella.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario